Inerte

Tenía todo con lo que había soñado pero no le alcanzaba, necesitaba sentir. Le valía incluso el odio y la decepción, cualquier sentimiento le empujaba un poco más a la vida.

La paciencia no era una de sus virtudes y la inspiración es un perfume caro que no dura toda la vida. Necesitaba hacer resurgir aquella llama apagada hace ya tantos años.

Las tardes de invierno junto a la chimenea y el café solían entregarle las palabras que encajaban a la perfección en su puzle literario, pero ni eso era suficiente ahora. Él quería algo real y verdadero, que se desprendiera directamente de su interior, no un puñado de palabras bien colocadas con la pretensión de fingir una realidad ficticia e insustancial.

Escribir con el corazón vacío y la mente llena se convirtió en una rutina de la que anhelaba escapar. Solo labios de la mujer que amaba podrían ser capaces de devolver la luz al mundo oscuro en el que habitaba, de inspirar su alma y de reanimar su corazón. Solo ella, solo tú, la que te fuiste hace tantos años y no volviste ni a despedirte.

Todo ocurrió en una tarde de invierno, con la chimenea encendida y con el café humeando, cuando tu corazón decidió no volver a latir jamás. Sigo inerte desde entonces.

oscuridad

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Apariencia

Soy lo que nadie quiere, lo que nadie busca. No tengo virtudes, tan solo defectos. Soy cabezota, ingenua y despistada. Hago vida de sirena, vivo bajo la superficie. Soy transparente como el agua del mar pero oculto mis secretos en la oscuridad. Soy un enigma que ni yo misma he podido descifrar. Soy como una niña, pienso que todo es un juego y creo en los cuentos de hadas. Soy impredecible, actúo antes de pensar, es mi filosofía de vida y hasta ahora no he necesitado replanteármela.

Necesito que todo a mí alrededor esté en orden ya que en mi interior todo está desordenado. Encuentro consuelo en sitios pocos recomendables. Soy una contradicción disfrazada de lógica. Te recomiendo no confiar en mí, soy un demonio disfrazado de ángel. No esperes nada de mí, no ofrezco fácilmente. No sueñes conmigo porque no soy real. Soy un puto torbellino de emociones, a veces serás todo para mí y otras no te querré ni ver. Mejor olvídame porque no soy de las que vuelven. Y si aun así me sigues queriendo, te puedo ofrecer el mundo entero.

(Creo que este texto necesita mejoras, pero supongo que todo lo que necesito es tiempo e inspiración. Aun así, he querido compartirlo con vosotros. ¿De quién hablo?, que cada cual juzgue por sí mismo)

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Náufrago

Una vez estuve enamorado del mar, de su infinidad, su calma, su tempestad y su belleza. Silencio y libertad. Azul y negro, siempre dispuesto a acogerte entre sus fauces y a no dejarte escapar de él. Era un amante apasionado y caprichoso.

Me sumergí en aquella oscuridad y no volví a ver un amanecer. Todo lo sentido, todas las decepciones, mentiras y luchas quedaron en la superficie, donde la luz iluminaba todo. El mundo se fue oscureciendo mientras mi mente vagaba por lugares en los que nunca había estado y mi cuerpo dejaba de sentir como el agua lo mecía.

Dicen que no es una decisión fácil, pero para mí fue tan sencillo como despertar y darme cuenta de que no pertenecía a este mundo. Una fuerza extraña me invitó a dejar partir todo lo que fui y todo lo que podría haber sido. Aquello que me agarraba a la vida se desvaneció entre la niebla del tiempo.  Solo quería soñar eternamente.

Quedarme resultaba más difícil que irme, esa sí que era una decisión complicada y en algún momento todos tenemos que elegir. Que valientes son aquellos que deciden quedarse y que afortunados los que se van.

Me fui porque no entendía el mundo que habitaba y a medida que iban pasando los años mi sonrisa fue perdiendo luz y mi vida razones de ser. No dejaron que fuera feliz en mi tristeza y nadie parecía querer sumergirse en aguas turbias y frenéticas.

Me fui porque para mí ya no tenía sentido luchar, las razones para quedarse nunca fueron suficientes. Creían que estaba roto e intentaron arreglarme pero ¿cómo podían hacerlo si muchas piezas se perdieron por el camino?

Me fui, no porque no pudiera tener todo lo que quería sino que no tenía todo lo que necesitaba. Con gusto, dejé de nadar y me fui hundiendo.

Una vez estuve enamorado del mar y por eso decidí morir en él.

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Sacrificio

Miré a mi alrededor y no había nadie allí. Espere una eternidad en aquel banco. Encendí un cigarro y recordé cuanto odiabas que fumara. Se hizo de noche y entre la niebla más espesa apareciste tú como un espejismo pero, sin duda, eras real, tan real como la pistola que sujetabas en tu mano. Empezaste a temblar cuando tus ojos se fijaron en los mios y miraste a través de mí. Todo paso muy rápido, apenas siete segundos.

¡Dispara! Me dolerá menos y sufrirás más.

¡Dispara! Sangraré más y te odiaré menos. Deseo sacrificar tu orgullo, mi miedo y nuestro silencio.

¡Dispara! Se valiente y enfréntate a lo que tanto temes. Quiero que me muestres tu interior.

¡Dispara! Solo quiero que tú seas la razón de mi muerte, ser el responsable de mi último aliento.

¡Dispara! Ya me he consumido y apenas queda nada de mí.

¡Dispara! No evitará que te siga amando.

¡Dispara! No tengo intención de rendirme. Quiero mostrarte todo lo que soy y lo que puedo ser.

¡Dispara! Porque si no lo haces, seré tuya para siempre. Tú serás mi dulce sacrificio.

Siete segundos fueron los que hicieron falta para que tu mano dejase caer la pistola. Con pasos eternos te acercaste a mí y me besaste con pasión, con anhelo y con… amor.

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