Inerte

Tenía todo con lo que había soñado pero no le alcanzaba, necesitaba sentir. Le valía incluso el odio y la decepción, cualquier sentimiento le empujaba un poco más a la vida.

La paciencia no era una de sus virtudes y la inspiración es un perfume caro que no dura toda la vida. Necesitaba hacer resurgir aquella llama apagada hace ya tantos años.

Las tardes de invierno junto a la chimenea y el café solían entregarle las palabras que encajaban a la perfección en su puzle literario, pero ni eso era suficiente ahora. Él quería algo real y verdadero, que se desprendiera directamente de su interior, no un puñado de palabras bien colocadas con la pretensión de fingir una realidad ficticia e insustancial.

Escribir con el corazón vacío y la mente llena se convirtió en una rutina de la que anhelaba escapar. Solo labios de la mujer que amaba podrían ser capaces de devolver la luz al mundo oscuro en el que habitaba, de inspirar su alma y de reanimar su corazón. Solo ella, solo tú, la que te fuiste hace tantos años y no volviste ni a despedirte.

Todo ocurrió en una tarde de invierno, con la chimenea encendida y con el café humeando, cuando tu corazón decidió no volver a latir jamás. Sigo inerte desde entonces.

oscuridad

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