Náufrago

Una vez estuve enamorado del mar, de su infinidad, su calma, su tempestad y su belleza. Silencio y libertad. Azul y negro, siempre dispuesto a acogerte entre sus fauces y a no dejarte escapar de él. Era un amante apasionado y caprichoso.

Me sumergí en aquella oscuridad y no volví a ver un amanecer. Todo lo sentido, todas las decepciones, mentiras y luchas quedaron en la superficie, donde la luz iluminaba todo. El mundo se fue oscureciendo mientras mi mente vagaba por lugares en los que nunca había estado y mi cuerpo dejaba de sentir como el agua lo mecía.

Dicen que no es una decisión fácil, pero para mí fue tan sencillo como despertar y darme cuenta de que no pertenecía a este mundo. Una fuerza extraña me invitó a dejar partir todo lo que fui y todo lo que podría haber sido. Aquello que me agarraba a la vida se desvaneció entre la niebla del tiempo.  Solo quería soñar eternamente.

Quedarme resultaba más difícil que irme, esa sí que era una decisión complicada y en algún momento todos tenemos que elegir. Que valientes son aquellos que deciden quedarse y que afortunados los que se van.

Me fui porque no entendía el mundo que habitaba y a medida que iban pasando los años mi sonrisa fue perdiendo luz y mi vida razones de ser. No dejaron que fuera feliz en mi tristeza y nadie parecía querer sumergirse en aguas turbias y frenéticas.

Me fui porque para mí ya no tenía sentido luchar, las razones para quedarse nunca fueron suficientes. Creían que estaba roto e intentaron arreglarme pero ¿cómo podían hacerlo si muchas piezas se perdieron por el camino?

Me fui, no porque no pudiera tener todo lo que quería sino que no tenía todo lo que necesitaba. Con gusto, dejé de nadar y me fui hundiendo.

Una vez estuve enamorado del mar y por eso decidí morir en él.

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Prisionero

¿Puedes imaginar lo que implica ser prisionero para toda la vida? Los sueños se transforman en pesadillas y se descomponen los castillos que solo la imaginación sustentaba; solamente puedes imaginar fantasías y al final aborreces la realidad y prefieres vivir en el reducto contorsionado de un rincón que no es real. Se rechazan las leyes que rigen la vida ordinaria y se aceptan solo aquellas que determinan la vida aparte del resto. Pero en tu pequeño mundo no caben ni la luz ni las sombras; solo hay la oscuridad necesaria para vivir en un mundo traspuesto y fingido.

Eduard Punset

http://www.eduardpunset.es/19665/general/la-soledad-esa-gran-catastrofe-humana

ROMANCE-DEL-PRISIONERO

Ciego

Solo podías ver el inferno en la Tierra. Llegaste a desear el caos. Habías aprendido a vivir entre destrucción y olvidaste la belleza del mundo que te rodeaba.

Decidiste dejar de sentir la lluvia caer para sentir solo agua contaminada mojándote. Decidiste dejar de escuchar las canciones que antes te inspiraban y solo oías ecos de melodías inacabadas y uniformes.

Cerraste con llave la puerta a tu corazón y la tiraste al vacío. No querías experimentar ningún sentimiento por miedo a que te lastimaran. Pensabas que tus heridas nunca cicatrizarían. Quizás debiste dejar que alguien te las curara pero te daba pánico volver a sufrir.

Querías sentir sus caricias y pasar la eternidad dentro de ella pero fuiste un cobarde y huiste. Nunca llegarías a saber lo que era la pasión ni el amor verdadero.

Alejaste a todos los que intentaban salvarte del perpetuo y profundo hundimiento en el que te encontrabas. Pensaste que los protegías pero solo te protegías a ti mismo.

Cada vez que llorabas en la soledad de tu habitación, tu sonrisa se fue haciendo más pequeña, más falsa y más oscura. Te quedaste en el fondo cuando debiste mirar a tu alrededor.

No viste todo el fulgor que te rodeaba. Las llamas te atraían y te producían ese deseo que le faltaba a tu vida pero no quisiste quemarte. Se apagaron cuando te fuiste.

Decidiste cerrar completamente tus ojos cuando un haz de luz se filtraba entre tus parpados y así fue como te quedaste ciego.

Ya es demasiado tarde, te has ido sin descubrir lo que de verdad importaba. Te has ido porque no soportabas tanta oscuridad. Eras un ciego en un mundo de luz.

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Sacrificio

Miré a mi alrededor y no había nadie allí. Espere una eternidad en aquel banco. Encendí un cigarro y recordé cuanto odiabas que fumara. Se hizo de noche y entre la niebla más espesa apareciste tú como un espejismo pero, sin duda, eras real, tan real como la pistola que sujetabas en tu mano. Empezaste a temblar cuando tus ojos se fijaron en los mios y miraste a través de mí. Todo paso muy rápido, apenas siete segundos.

¡Dispara! Me dolerá menos y sufrirás más.

¡Dispara! Sangraré más y te odiaré menos. Deseo sacrificar tu orgullo, mi miedo y nuestro silencio.

¡Dispara! Se valiente y enfréntate a lo que tanto temes. Quiero que me muestres tu interior.

¡Dispara! Solo quiero que tú seas la razón de mi muerte, ser el responsable de mi último aliento.

¡Dispara! Ya me he consumido y apenas queda nada de mí.

¡Dispara! No evitará que te siga amando.

¡Dispara! No tengo intención de rendirme. Quiero mostrarte todo lo que soy y lo que puedo ser.

¡Dispara! Porque si no lo haces, seré tuya para siempre. Tú serás mi dulce sacrificio.

Siete segundos fueron los que hicieron falta para que tu mano dejase caer la pistola. Con pasos eternos te acercaste a mí y me besaste con pasión, con anhelo y con… amor.

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